[ El Beso del Girasol ]

COBARDES

No sé si yo seré valiente o no, pero últimamente me da mucha rabia que ciertas personas que me rodean no lo sean. Y cuando hablo de valientes, no me refiero al concepto Robin Hood, sino más bien quiero referirme a ser “NO cobarde”. Cuenta la RAE que la cobardía es la falta de ánimo o valor. Yo más bien lo entiendo por el segundo concepto. Y es que con el tiempo estoy comprobando que la gente cada vez es menos fiel a los valores e ideas que predica. Sé que no hay que creer lo que se dice, que las palabras son, la mayoría de las veces, farsas que intentan persuadir al receptor en unos casos de lo estupendos que somos y en otros de las desgracias que nos persiguen. El caso es que conozco la teoría y la suelo llevar a la práctica, pero de vez en cuando no lo puedo evitar: confío. Aunque no soy tan inocente como algunos creen, en ocasiones me puede el deseo de creer en esa gente a la que al mirarla percibo “algo”, una afinidad, una ilusión, un amigo, cariño, amor…. En alguien hay que creer, está claro. No se puede pasar por la vida sin mirar a los ojos, sin sentir y sin confiar. Y lo curioso es que esto apenas lo hago con un mínimo porcentaje de las personas que, de una manera u otra, pasan por mi vida. Por eso, cuando una pieza falla duele tanto. Mi cabeza trabaja como loca para intentar calmar esa desilusión, esa decepción; pero no quiere creer la respuesta, se niega a aceptar a los cobardes. Ingenuas preguntas atacan mi mente con el fin de hacerme comprender la sucesión de los hechos. ¿Por qué no son consecuente con sus palabras?, ¿con sus miradas? Intento recordar, atar cabos, dar lógica a lo que no la tiene. Intento descubrir si mentían cuando me contaban sus sentimientos con la mirada o mentían con sus actos. Sé que es una duda que perdurará, que se quedará ahí entre el aire de nuestras retinas para nublar esa “mirada limpia” que un día me hizo confiar.

A los que no aceptan la realidad, la encubren, la esquivan u ocultan. A los que dicen y no sienten y a los que sienten y no dicen. A todos los que no hacen lo que sienten. A todos los que engañan y se engañan.

 

 

 

106 Comentarios 4.3.09 00:20, comentar

Primeros pasos

Llego el momento, era evidente que la espera no duraría para siempre, así que casi, sin darme cuenta, salté aquel temido precipició. No miré lo que había debajo, aunque sí lo que dejaba atrás, las lágrimas que más me duelen. Pero salté y todo, hasta el momento salió bien. Ahora estoy dando los primeros pasos, conociendo, sintiendo, viviendo algo nuevo y diferente que espero me haga más fuerte.

Pero este no es mi sitio, o, al menos, no creo que lo sea. Esto es una gran experiencia pero no una gran vida, no la vida que uno piensa cuando es pequeño, aquí sé que esa vida no está, y por eso no permaneceré más de lo necesario. Apenas me ha bastado un mes para saberlo, para darme cuenta de las abismales diferencias que existen entre un tipo de vida y otra. Entre una ciudad y otra.

La diferencia es la indiferencia. Esta ciudad no presta atención a los demás, prima una superviviencia totalmente individualista, una actitud que olvida al projimo, que se afana en conseguir los objetivos marcados aislandose de todo lo demás. Las miradas se vuelven peligrosas, vacías. Miradas de indiferencia que te hacen sentir aún más sólo.

Pero, dejando a un lado las desventajas, a las cuales uno se acostumbra lo más rápido posible para convertirlas así en costumbres rutinarias, todo esto me sirve para comprender ciertas cuestiones que desde mi querido hogar era imposible resolver y que, antes o después, debía hacerlo.

        

Me gusta la libertad, lo nuevo, los cambios, las posibilidades, las nuevas caras, las grandes oportunidades, me gusta hacer una gran tortilla de patata y ser capaz de hacer la colada. Es el descubriento de mis posibilidades, ahora sé que puedo hacerlo, que puedo sobrevivir, ahora sé que si quiero, puedo. Y eso me gusta, al menos, me da un poco más de esa seguridad en mi mima que tanta falta me hacía.

Me quedaré aquí sacando adelante el proyecto de mi nueva vida, me quedaré aquí con la soledad y con las nuevas compañías, me quedaré para luchar. Es hora de enfrentarse al mundo, y sí, tengo ganas de andar este camino. Empujaré sola o acompañada las piedras que se interpongan en el. 

Un futuro incierto, una nueva ilusión cada mañana.  

72 Comentarios 2.11.08 23:23, comentar

¿Ganará el olvido?

 

 

Hay quienes no son partidarios de guardar las cosas que yo guardo, ellos dicen que es basura, algo material que, aunque hoy te dice algo, mañana no lo hará.

Hoy volví a abrir la caja de los recuerdos, un pequeño espacio de pasado que se presenta en forma de entradas de cine, tickets de autobús, pegatinas de cerveza, púas… un sinfín de cosas que en su día significaron tanto para mi que decidí mantenerlas a mi lado mientras pasasen los años.

Pero como a todos, me llegó el olvido. Un olvido que odio y me repatea, un olvido que me aparta de momentos que quise recordar, un olvido que borra aquel día especial. Supongo que no puedo hacer nada, nuestro cerebro no da para más y me tendré que acostumbrar a ir enterrando sin lápida aquellos detalles que no sé cuándo ni dónde me fueron entregados.

Es increíble tener una caja de recuerdos, un diario, unas anotaciones pasadas, aunque cada vistazo nos cueste una pequeña lagrimita. Y es así, cuando casualmente coges una nota que escribiste mientras hacías 4º de la ESO y te preguntas en ella cuestiones como “¿Me iré del colegio”, ¿Tendré novio?, ¿Y Villa?”. Al leerlo noto como si una vida hubiera pasado entre ese momento y el que vivo ahora. 6 años en los que han pasado tantas cosas, tantos cambios que te cuesta recordar aquella pequeña niña que creía ser toda una adolescente que se pasaba todo el día pensando en aquel chico del pueblo que jamás le habló.

En fin, ya sé que todo se pasa, que soy una melancólica, que hay que vivir en el presente y todas esas cosas que se dicen. Pero me resigno a olvidar mi pasado, mis días de felicidad no pueden acabar en un saco roto, no deberían.

Ahora estoy cada día más cerca del borde del precipicio del que os hablé. Parece que cuanto más me acerco más ganas de saltar me entran. Aún así, mi mente no deja de darle vueltas a mil cosas que pienso me pasarán. Tendré una cama pequeña o tendré cama grande, tendré carro de la compra, cerca de que super me gustaría vivir….
Pero, además de esas estúpidas preguntas, también me ronda por la mente un día, el de la despedida. Supongo que, como hizo Su, haré las maletas y me iré sin más, entre prisas y alboroto. Pero veo esa primera noche sola y me invade el miedo. Me acordaré de los que se quedan aquí, unos esperando a que regrese y otros no tanto. Me habré ido, y aunque durante un tiempo me tengan en mente, poco a poco el olvido sacará su goma de borrar e iré desapareciendo. Supongo que me arriesgo a que a mí me pase lo mismo, aunque, a buen seguro, combatiré con el olvido hasta el final.

Me espera una nueva caja que llenar, una caja que espero no suplante a la actual sino que la complemente. Nuevas vivencias para seguir sumando a esta historia que me toca vivir y que está a punto de cambiar de capítulo.

94 Comentarios 26.7.08 09:53, comentar

Ya hablaremos...

Son muchas las ocasiones que me llevan a pensar que el ser humano es demasiado defectuoso. O, si no lo es, se empeña en serlo. Es alucinante lo bobos que llegamos a ser. Qué diablos tendremos ahí adentro que nos impulsa a decir o hacer lo que en ese mismo momento no estamos queriendo ni decir ni hacer. Es tan ilógico como nosotros mismos. No se si será bueno o malo pero lo que sí sé es que trae consecuencias y, en muchos casos, negativas. De la otra manera, la vida sería demasiado fácil, y eso, a muchos, no nos gusta.

Al fin y al cabo, lo que les queda a los demás de nosotros va a depender de lo que les hacemos y les decimos. De esas palabras que nunca se dijeron o de aquellas que se dijeron de más. Palabras a las que no sabemos dar importancia, palabras que dicen mundos, que abren puertas o que las cierran para siempre.

 

 

Pero el autoengaño está ahí, y nos gusta. Somos tan débiles que las culpas nos hunden, nos machacan, nos desequilibran. Y antes que pasar por eso, mejor convencernos de que no es así, de que fue por aquello o por lo otro, de que fue el Sr. Destino o, simplemente, de que es mejor así. ¿Mejor así para quién? ¿Para mí? ¿Para él? ¿Para ella?. Demasiado complejo, suficiente con levantarnos cada día y sacar adelante esos compromisos inevitables.

No hay mayor error que callar, que dejar que el silencio inunde nuestros días. Ese sonido vacío va abriendo una brecha que cuando nos queremos dar cuenta es tan grande que no hay puente que pueda volver a unir esos dos extemos. Y es que el silencio pone kilómetros de por medio. Una distancia insalvable para algunas relaciones. La confianza se resquebraja, las miradas se vuelven vacías, la ilusión se pierde y la decepción acaba por borrar de tu mente lo que un día estuvo en el podium de honor.  Hemos sido olvidados por muchos, incluso por aquellos que no pensaríamos. Es ley de vida, unos vienen y otros se van. Pero esas personas tan especiales, con aquellas que dijiste las palabras mágicas "para siempre" cuando de verdad las sentías. Aquellas no se merecen el olvido, se merecen estar ahí. Lo prometimos alguna de esas noches, o quizá tardes, lo prometimos en un banco, en la bici o en clase. Lo prometimos. Y ahora es más fácil pensar que todo se acaba, que la vida pasa, que eran otros tiempos...pero ellos siguen allí y la silenciosa brecha no dejará de crecer hasta separarnos. No lo hará hasta que el otro no sepa cuanto le sigues importando.

 

 

 

66 Comentarios 9.5.08 15:23, comentar

Maldita inseguridad

Ahora, a tan sólo dos meses del final, se me empiezan a remover las tripas cuando pienso cómo será ese día. Y sé a ciencia cierta que será un día importante para mi, porque los días de cambio afectan demasiado a los que sobrepasamos ciertos umbrales de sensibilidad. Estoy tan segura de que lloraré. Para lo que muchos supone la liberación de una carga que llevan arrastrando cuatro años, para mi supone quedarme sola delante de un temible precipicio. Sola y lo peor, insegura. Debo cruzar esa puerta, ya lo sabía. Lo se desde que tengo uso de razón, tan sólo es un paso, una zancada que nunca creí fuese tan compleja. Pero no me queda otra, avanzaré. La estancia que dejo ya me entorna la puerta y yo quedo fuera. ¿Dónde iré ahora? me pregunto. Y no es el lugar lo que me preocupa, soy yo. Y sé que no hay nada peor que dudar de uno mismo. Se que así no llegaré lejos, se que me tengo que llenar de fuerza para superarlo pero nesito ayuda y nadie se da cuenta. Y es curioso, demasiado charlatana a veces y a la vez una tumba con mis preocupaciones, con mi dolor, con mi pena. Seguramente muchas de las personas de las que necesito ese apoyo no se pasarán por aquí, no sabrán lo que me ronda, lo que me aflige. Por eso sé que estoy sola ante la vida. Por eso veo ese precipicio y por eso sé que sólo yo misma lo puedo saltar.

 

Ante el recuerdo de tiempos pasados sólo puedo pensar que en unos años quizá esto sea una mínima preocupación. Así lo veo ahora cuando puedo ver en las fotografías aquellos momentos tan decisivos que quedaron grabados en la película y que hoy me sacan una sonrisa cuando les veo. Espero que así vaya ocurriendo con mi vida, pero dudo. Ya pasaron esos años en los que mi mente sólo tenía  hueco  para cromos, Punky y macarrones. Ahora es distinto. Temo que ahora nadie me ayude, nadie me apoye y yo no sea lo suficientemente fuerte.

El miedo me invade y la cosa no ha hecho más que empezar. ¿Cuántas decepciones me quedan por sufrir?, ¿Cuántos palos me dará la vida? Llega la hora de salir de aquí, de abandonar lo que conozco, mi refugio, mi vida. Y quiero hacerlo, estoy dispuesta a aguantar, a sentir, a conocer, incluso a volver si no logro llegar a la otra orilla. Pero no volveré hasta que no pueda más. Sólo necesito saber que habrá algo al otro lado que me espere, que me depare días de gloria, de alegría y de mi ansiada felicidad. Pero mi futuro está inmerso en una espesa nube que no me deja verlo, ni siquiera intuírlo y eso me frustra. Necesito saber que puedo llegar a esa niebla y conseguir algo que me llene, que me realice. Pero no acabo de confiar en mis posibilidades y eso me perjudica. Hace que el espíritu que llevo dentro se haga más pequeño de lo que es, más simple y conformista. Y eso me mata.

Tan solitaria para unas cosas y tan dependiente para otras. !Qué vida¡. Sólo espero que un día me llegue esa fuerza que ahora tanto necesito. Entonces, espero dar un salto tan grande que me lleve a la vida feliz que tanto deseo.

 

 

 

 

 

100 Comentarios 10.4.08 18:56, comentar

El primer paso

Me encanta hablar de los ideales. Sería capaz de pasar un día entero hablando con cierta amiga mía sobre los sentimientos y emociones más profundas del ser humano. En cuanto parece que ya hemos desgajado una, nos ponemos con otra. Si no es el amor, es la amistad y sino la envidia… así podría seguir una larga lista de complicados conceptos que ya han pasado por nuestro ser en estos años que llevamos disfrutando de la vida.

Cuando, por fin, consigues darle una forma en tu mente, consigues rebajar la complejidad del asunto a un preciso y claro esquema, entonces, miras a través del cristal y lo ves todo claro. Crees que con esa conclusión podrás manejar los hilos de tu vida o al menos usarla muy en tu favor. “ Saberlo es el primer paso”, dice ella, cuando después de darlo vueltas en su inquieta cabecita cree haber llegado al quid de la cuestión.  Un planteamiento estupendo, unas conclusiones únicas y maravillosas a las que nuestra mente asiente como si fueran uno de esos mandamientos básicos que conforman el kit para no salir escaldado de la vida. Y estoy de acuerdo, es el primer paso. Un paso necesario absolutamente para vivir a gusto, un paso para aclarar nuestros ideales de la vida. Pero, me pregunto yo ¿cuántos pasos más hay que dar para que seamos capaces de  dar forma en nuestros actos a estos machacados pensamientos? ¿Podemos llegar a esa ansiada meta?

 

Creo que somos incapaces de conocernos a nosotros mismos por una sencilla razón; somos variables, demasiado variables. Dependemos de infinidad de cosas que nos condicionan, cada vez más, prácticamente todo. Lo que hoy se define en tu vida como algo relevante, quizá mañana no lo sea. Todo cambia, está claro. Pero hasta que nuestra mente dé este giro de tuerca, debemos llevar toda nuestra teoría a la práctica, y ahí viene lo complejo. Llega un momento en el que el esquema se rompe, surgen factores inesperados que te sorprenden hasta tal punto de poner en duda tus máximas reflexiones. Ahora estás al otro lado del cristal y las cosas no son tan sencillas. Es el momento y no sabes qué hacer. Un día descubres que el chico/a que eres o creíste ser  no le encuentras, no ahí, en ese momento, en esa situación. Querrías acoplarte a lo establecido, traería menos problemas, pero no puedes. Te supera. Todo aquello en lo que pensaste se desvanece en un segundo. Tu alma te sorprende de nuevo. ¿Y qué harás mañana? ¿Pensarás una nueva reflexión sobre lo sucedido? ¿Volverás a componer un nuevo esquema como otra de las opciones que te ha enseñado la vida? ¿Servirá de algo? Quizá sí, quizá no. Lo que es conveniente tener claro es que no será para siempre, no de esa manera. Cuanto antes nos demos cuenta de que nuestros ideales son tan frágiles como una hoja que se lleva el viento según hacia donde sople, mejor. La vida nos sorprenderá, para bien o para mal, durante el resto de nuestros días. Quizá ahí este la gracia de vivir. Pero, mientras no llegue ese ‘instante decisivo’ seguiremos trasteando en nuestra mente, moviendo de un lado para otro recuerdos, compartiendo experiencias y maquetando el ideal del momento.

87 Comentarios 24.3.08 18:06, comentar

El vivir de cada día

Desde hace algún tiempo ya, mis días se pasan vinculados a una bella historia. Un cuento perfecto que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en el aire que necesita mi cuerpo. Desde que todo comenzó mi existencia a tomado un rumbo nuevo. He comenzado a recorrer un camino que jamás pensé fuera así. Una senda en la que cualquier piedra queda pequeña e insignificante, en la que los pasos parecen más grandes que los que dí nunca y donde la brisa te da tan fuerte en la cara que puedes llegar a sentir el cielo.

Aquí y ahora, desde la mínima distancia, puedo notar un sinfín de sensaciones que inundan mis ojos. Sentimientos que se arraigan a lo más profundo de mi ser y que nunca acaban de sorprenderme. Ojala todo el mundo se tomara un tiempo de reflexión para sentir lo que dicen los latidos de su corazón y para darse cuenta de lo feliz que es en este momento. Todos conocemos esa frase que cuenta que uno no valora lo suficiente las cosas hasta que las pierde y. ésta, a mi parecer es la forma más triste de darnos cuenta. En nuestra mente el stress, los problemas, los miedos y demás piedrecitas del camino no deben frenarnos y mucho menos insensibilizarnos. Esa fuerza que mueve a las personas por aquello que realmente les importa es la gasolina que hará que salgamos adelante y que en el paseo de cada día valoremos lo afortunados que somos.

 

 

En mi opinión, sentir es lo más bonito que te puede pasar en la vida, sobre todo, si se trata de sentimientos positivos. Aunque no toda la vida puede ser maravillosa y por eso la rabia y ese desgarrador dolor que se desata tan dentro de nosotros que parece que la cicatriz de semejante sufriemiento nos acompañará interiormente para el resto de nuestra vida son una experiencia más que más tarde nos ayudará en nuestros felices pasos de cada día.

Súbete a esa piedra tan grande que ves en tu camino, aunque sólo sea un momento. ¿Lo ves? Sí, todo eso te queda por recorren. Un largo camino que no dejará de ponerte piedras y seguro que cada vez más grandes. Cada día que pases aprenderás una forma nueva de subir y de nuevo verás el horizonte de tu vida y sentirás tan fuerte en tus entrañas que saltarás con tanta fuerza como si tu cuerpo se fundiera con el aire para seguir descubriendo la gran sensación de vivir.

Párate, siente, vive.

98 Comentarios 11.12.07 12:06, comentar